domingo, 18 de agosto de 2019

Sobre la conexión mágica en las partidas de rol

La música tiene un don curioso: a veces resulta tan hipnótica que sientes que eres lo que estás escuchando. No puedo decir cómo o cuándo sucede. Simplemente, sucede. Puede ocurrir con la canción más inesperada, con letra o sin ella, y provocar todo tipo de emociones, agradables y desagradables. Es una conexión que va más allá de una lógica que yo pueda transmitir con palabras. Espero que la hayáis sentido alguna vez. 



A mi me ha pasado con canciones románticas y con canciones clásicas. Con cantautores que expresaban cuestiones sociales demasiado alejadas a mi realidad como para que las entendiera, pero que conectaban. Con instrumentales que no buscaban la comunicación de un mensaje definido, pero que me transmitían algo indefinible. Algunas me han proporcionado paz. Otras angustia y desasosiego. Otras rabia, desesperación o ganas de luchar contra la máquina. Otras elevación, no se si espiritual o mental. Quizá elevación suene demasiado trascendente. Quizá ligereza se aproxime más. Ligereza de las cargas que mi mochila suele acumular. 

Pues con el rol, también. 

Y eso no significa que las canciones que no logran conectar de ese manera sean mala música. No significa que todas las canciones deban aspirar a eso para ser importantes. Porque, de hecho, esa conexión es aleatoria. La que a mi me transmite algo, a ti no te transmite nada, y viceversa. Y convivir con esa paradoja nos hace amantes de la música, nos hace creer que en ella hay algo mágico que resuena en nuestro interior sin que tengamos control sobre ello. La falta de control sobre estos estímulos es lo que provoca la ilusión de la magia. Que la conexión no sea deliberada, que no sea producto de una matemática que busque exprimir un método exitoso, es lo que la vuelve espontánea y crea la sensación de que hay una conexión. 

Pues con el rol, también.

Y curiosamente esa conexión espontánea que no se puede producir de forma artificial convive con el estudio del ritmo, con la métrica y los procesos de aprendizaje que todo músico, por virtuoso que sea, debe llevar a cabo para buscar su propio sonido. Porque esa conexión no es resultado de la ciencia musical. Es una consecuencia emergente que tiene vida propia en la intimidad de quien disfruta la música. Y quien disfruta la música puede ser un consumidor privado, que escucha una canción en youtube, o ser el propio músico, que disfruta la música mientras la toca. Puede ser ambas cosas.

Pues con el rol, también.

Porque la totalidad de la teoría rolera, por muy bien que sea ejecutada, no participará de esa conexión que se produce a veces en las partidas, haciendo de ellas momentos memorables. Y grupos de juego que tienen cero contacto con la teoría rolera pueden y seguro que tienen ese tipo de partidas especiales desde siempre. Partidas mágicas. Partidas que son experiencias tan potentes que crean una conexión. Una conexión que puede tanto unir a las personas, y ser una experiencia social, como ser épicas, y crear una historia memorable. El abanico es mucho más amplio, sin duda, pero me reduciré a estas dos por pragmatismo. La cuestión es que, de pronto, eres lo que estás viviendo. Es la definición base del término experiencia. Entonces ¿Para qué vale la teoría rolera? 

Vale para divertirse, como el rol. Y para buscar fundamentos. Para descomponer todo lo que se pueda el rol en piececitas estudiables, para construir un método de análisis sobre cosas como la Historia del rol, los tipos de juegos, los arquetipos de jugadores, los distintos objetivos de los distintos juegos, metodologías pedagógicas del rol en colegios, el diseño de sistemas, la estructura de la narrativa en los juegos y partidas, los métodos para crear partidas para tus amigos, las cuestiones de género dentro de la industria y de los/las jugadoras... La teoría del rol vale para muchas cosas, pero no vale para crear esa conexión.  Esa conexión no entiende de teorías, y depende por completo de tu mesa de juego. 

No entiende de experiencia ni de antigüedad. Puedes tener la suerte de encontrarla en tu primera partida o que se repita de partida en partida en tu grupo de juego. Y, desde luego, no entiende de dogmas. La teoría no ha venido para decirte que se juega así o asá. De hecho, la teoría no ha venido, lleva aquí desde el principio de los juegos de rol, desde que un grupo de locos se planteó el primer sistema de juego, desde que la primera empresa se planteó la viabilidad de mercado de un producto, desde que un grupo de juego comenzó a balancear sus propias reglas caseras y a darle vueltas al tarro para entender por qué estaban compensadas o no. Desde que la primera persona se sintió incómoda en una mesa de juego y se preguntó por las causas.  Todo eso es teoría del rol. No somos los diez chalados que vomitamos nuestras opiniones las redes sociales. Nosotros solo somos una pequeña parte de la teoría del rol y, si me apuras, la menos importante. 

La teoría del rol que ha de venir vendrá de la mano de expertas y expertos en distintos campos, que buscarán mezclar sus profesiones y especialidades con el rol para cubrir distintos objetivos. Probablemente sea una mezcla de estilos confusa y que, al principio cause rechazo. Quizá tengamos la osadía de elevar las antorchas y decir ¡ESO NO ES ROL! como hoy en día los puristas del flamenco buscan distinguirse de Rosalía. O antes de Ketama. O antes de... en fin, que es un ciclo sin fin. Sea como sea, espero que estemos preparados para ser inclusivos y no alcemos nuestra pedantería moral contra ellos/as.

La cuestión es que, desde mi punto, no creo que sea intención de la teoría rolera ofrecer fórmulas mágicas para crear esa conexión especial, ni siquiera para garantizar cosas como la diversiónLa teoría no busca hacer del rol algo trascendente, metafísico, artístico ni más importante de lo que es. Todo eso el rol ya lo es sin nosotros. La teoría, para mi, busca que todos los puntos de vista posibles se sientan incluidos, y que, siempre que se pueda, se le quite al rol su aura mágica para someterlo a un método transmitible, escrito y debatible. 

¿Puede esta idea ser lesiva o atacar de alguna manera a esos momentos de conexión que suceden en nuestras partidas? 
Yo creo que no. Que esos momentos de conexión son invulnerables a toda esta mierda. Pero ¿qué pensáis vosotros/as?













2 comentarios:

  1. Un amigo con una cuantas novelas escritas me contó una vez que después de asistir a unos cuantos talleres de escritura aprendió a escribir mejor, pero que ahora no puede evitar analizar los libros que lee, en lugar de simplemente disfrutarlos. Lo cual puede llegar a ser un fastidio.

    Esa es una de las razones por las que alguien puede decidir no seguir talleres de escritura, o investigar sobre la teoría del rol: porque una vez ves los engranajes de tu afición, entonces parte de la magia inocente se pierde.

    Supongo que también es posible que obtengas un conocimiento que te permita apreciar matices más profundos de las obras, pero habrá quien no quiera perder su visión inicial, ignorante y pura.

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    1. Me parece una posición mucho más que respetable :) Hasta diría que envidiable en cierto sentido. Si algo tiene la teoría rolera, esta que al final son un rebujito de opiniones y análisis caseros, es que es totalmente prescindible. Si afecta negativamente a nuestra diversión, entonces sobra. Ojalá conseguir un equilibrio entre esa visión inicial y una experiencia teórica. Pero no sé cómo se podría hacer algo así. Gracias por el comentario, Carlos. Es un placer verte por aquí ^^

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