viernes, 16 de diciembre de 2016

Sobre los compañeros caídos


Hemos visto caer a muchos personajes a lo largo de nuestras aventuras roleras. 

Nuestro corazón se ha sentido conmocionado por las despedidas, desgarrado incluso en ocasiones al saber que nunca volveríamos a “ser” ese personaje, a tal punto de causar enemistades temporales o extraños resentimientos fugaces con aquellos que participaron de la causa de nuestro luto ficticio. 

Pero no solo se han quedado atrás personajes, sino también jugadores. 

Es posible que os haya ocurrido, espero sinceramente que no, que un compañero de mesa haya muerto dejando como parte de su extraña herencia algún personaje huérfano de alma dentro de vuestro mundo de fantasía rolera, o de vuestra interminable campaña.


A nosotros nos ocurrió hace años y, como resultado de ese proceso, adolescente, tortuoso y muy personal, extrajimos las siguientes experiencias que hoy nos gustaría compartir.


Cuando un amigo o amiga rolera se muere y su personaje, que ha estado ahí durante años de campaña o aventura, sigue vivo, éste se puede convertir en un extraño tabú. Su presencia o aparición, su mención o su rastro pueden verse sometidos a una censura automática; tan solo por no saber cómo procesar exactamente las emociones que derivan de ello. Por no verse con fuerzas.
El personaje puede convertirse en un fantasma innombrable con la misma facilidad que en una entidad divina idealizada. El objetivo será la exclusión, sea en dirección al olvido fantasmal o a la distancia celestial.

Seguro que aquellos que sois o habéis sido directores de juego habéis sentido el extraño compromiso que representa interpretar al personaje de uno de nuestros jugadores como si fuera un PNJ durante una sesión, cuando ese jugador no ha podido venir a la partida por la razón que sea. Aunque lo autorice el mismo jugador, es raro. Debes ser relativamente fiel a sus actitudes, patrones o su carácter… algo que se puede sobrellevar de forma cómica o como un auténtico desafío.
Y luego, siempre has de rendir cuentas de sus actos ante su autentico “propietario”, que es el que determina por lo que le han contado que ocurrió, si su personaje fue bien o mal interpretado.

Cuando su propietario no está, cuando el jugador simplemente no volverá a aparecer, la sensación de responsabilidad ante el personaje puede significar un bloqueo por impotencia al director de juego.

Para nosotros, como mesa de juego habitual, fue terrible encontrarnos ante esta situación. El jugador que murió era un amigo muy intimo tanto en nuestra realidad como en nuestra fantasía, y su personaje huérfano se convirtió en una carga tremenda de sobrellevar.

Debía estar. Ignorarlo era imposible por su posición dentro de nuestra narrativa. Pero invocarlo no era sencillo… hasta que en algún momento que no me siento capaz de definir, simplemente lo entendimos. 

Un día, simplemente, apareció. Simplemente estaba allí. Como tendría que haber estado si su jugador estuviese vivo con nosotros, y su presencia se convirtió en un momento de reconocimiento solemne y de reencuentro ante una parte de él que exigía seguir viviendo o que, al menos, necesitaba vernos. Desde luego nosotros necesitábamos verla a ella. Necesitábamos normalizar su ausencia y recordar su presencia a nuestro lado respetando el legado que dejó su imaginación en nuestros mundos internos, permitiendo que su personaje siguiera evolucionando y participando de nuestra creación colectiva. 

Respetando su memoria rolera y no permitiendo que nuestra incapacidad de gestionar el dolor repercutiese en su fantástica, donde sigue vivo contra toda lógica.

A partir de ese momento de catarsis la presencia de Smoke se hizo relativamente natural en nuestras partidas, y con cada aparición existía un pequeño reencuentro con cierta esencia de su jugador, con la parte que de sí mismo nos legó a través de la amistad y el rol. 
Brindar en la taberna con su personaje y reír a carcajadas era, de alguna loca manera, como un pequeño encuentro con él.

Es posible que os haya ocurrido, espero sinceramente que no, si es así os deseo cuanto antes ese momento de catarsis para que podáis, a vuestra manera, respetar, brindar, recordar y hacer crecer de vuestros compañeros caídos su fantástica, contra toda lógica.