domingo, 11 de enero de 2015

Cada Océano es un Rio

Cada mente es un océano.
Y como océano debe ser  alimentado por millones de ríos.
Son los libros  los ríos de tu océano.  
Pasa sus páginas con la suficiente serenidad y lograrás percibir su secreto murmullo.
Pero debes estar advertida. 
Si millones de ríos alimentasen un océano sin este poder vaciarse, pronto se vería colmado, y terribles acontecimientos sucederían en tu mundo.
Por ello, existe un ciclo. Y a través de él, el océano retribuye el agua que toma de los ríos.
Pero, ¿como retribuir sobre los libros que uno lee?   
Esto no es posible. Y por ello, existe una magia.
Solo el otro puede crear un río en nuestro mundo, solo nosotros podemos crear un río en el suyo.
No se trata de detener nuestra mente ante el temor de saberse colmada, eso es estancarla, sino más bien de naturalizarla, ayudarla a que fluya en armonía con el mundo interior.
Nuestro océano anhela ser río de otro mundo, y beber inagotablemente de los mundos de otros. 
Encerrarnos en nosotros nos pudre, como artificializar los ríos que se formarán en valles ajenos a nuestro mundo.
Pues las nubes no tienen elección del camino que formará su agua al precipitarse creando ríos, se deleitan contemplando su lluvia sin dueño alimentar la vida.
El océano no pretende dirigir las nubes que gesta ni variar su forma, se deleita viéndolas partir navegando el cielo con una misteriosa misión en sus entrañas.
Las aguas de los ríos jamás pretenderían cambiar el océano al encontrarse al fin con él, desde su buen nacimiento comprenden que eso, es imposible.
 Se deleitan más bien observando las riveras y conociendo sus pueblos, jugando con los seres que son la risa de los ríos y encontrándose con las ancianas aguas de los manantiales, para al fin contarle al gran azul los cuentos de sus aventuras mientras este las contempla acariciándolas eternamente .
 Agua purificada, repleta de experiencia y plena en su recorrido es un libro dado con amor, una aventura vivida. Puede, allí donde los espacios de la imaginación son extensos eriales, alimentar los bastiones de nuestra niñez que permanecen aun en el esfuerzo de la resistencia implacable ante este mundo devorador del arte creativo. 
Allí, en esos inexpugnables bastiones se encuentra un poder generatriz que el ardiente erial teme incluso con demencia.
Es el poder de la imaginación. Se guarda en un cofre y tiene forma de pincel  y cubos con colores de acuarela, de lápiz y papel junto a polígonos de facetas numeradas con la voluntad del destino,  tan solo necesita ser liberado y el agua de los ríos pintará todos los paisajes que desde hace tanto necesitamos que impregnen el fondo de nuestra vida.
Un libro más puede ser un mundo más,
un amigo más, una nueva partida...
un río más que haga florecer en su ribera civilizaciones hermosas que nos enseñen como vivir unos con otros amándonos y comprendiéndonos.
Puede ser una guía para descubrir la autentica profundidad de nuestro océano, su historia,
o el amigo que nos ayude a comprender nuestras tormentas, o a dominarlas para que no castiguen a los hermosos pueblos que se alimentan de nuestras costas.
Puede ser ese río, justo ese, el que te enseñe la antigua magia que te ayuda, por una noche, a dejar de ser océano para convertirte en anciana y caminar entre los pueblos de pescadores que te adoran como a diosa antigua, y conocer en cercanía sus historias, los cuentos con los que educan a sus hijas a la luz de la lumbre, y saborear junto a ellos, los mismos panes que ya saboreaste en sus ofrendas.
Puede ser ese río, justo ese, el que te haga sentir cumbre de montaña, hielo y piedra ennegrecida, lengua de glaciar crujiente penetrando los valles...
Puede ser ese río...
Fragmentos de soledad para compartir contigo misma, que enriquezcan tu mundo, y te animen a enriquecer otros mundos...
Puede ser, ese río, esa partida...