jueves, 24 de septiembre de 2015

Impulso Claro


Ya cansado de ser hábil, de pretender la altura
de relinchar partiendo peldaños por el ímpetu de buscar consuelo
de añorar el desgarro que proporciona la noche
cuando la soledad nos define.
No tengo alas.
No se volar.
Mis rodillas se rompen.
Déjame tranquilo desde tu púlpito,
dios de los inocentes.
Carezco de cuanto me exiges para llegar a tu regazo
más frágil que la añoranza lactante de una cría sonrosada
ladro versos sin sentido.
¿Acaso sé impregnar un sentimiento?
Me es imposible,  roto por dentro.
Agotado de  recodos de mentes señoriales que observan el mundo
diciendo entender
derrotado por los privilegiados,
manatiales de discursos que buscan distinguirse de mentes cansadas
sin saber si tengo poya, si soy Hombre
si tengo derecho a algo más que a defenderme.
¿Quién me regalará esa definición si no he tenido padre?
Este mundo está manchado de semillas torcidas que han crecido a expensas
enraizadas en cadáveres oleosos que creyeron ser sacrificios paganos
y eran inútiles
bramando, reclamando un significado
plantas voraces de una exuberancia pretenciosa
que dislocan los altares encumbrando sus flores
tapizando el paisaje.
Confundiéndolo todo...
Por fortuna tengo un mundo secreto,
que no alcanzas a ver…
Carente de dioses,
porque los posee todos como son:
irreales.
Carente de líderes,
porque los entiende a todos como son:
ilusiones.
Carente de amores,
porque los conoce y estructura con fervor:
son dragones.
Déjame partirme en pedazos, incongruente reyezuelo
nunca has pretendido cuidarme, no te importo
tu caricia es zalamera a mis mejillas curtidas
no dispongas de mis versos como si fuesen fruto de tu esfuerzo
mis relinchos ya no buscan sentido
ya no buscan
estás desnudo.