domingo, 8 de marzo de 2015

Sobre "esas otras" partidas de Rol

Y entonces…da comienzo la partida.

Y con ella comienza mucho más.
Así es. Cuando nos reunimos en torno a una mesa de juego para fundir nuestras identidades, mentes y corazones en una historia común, comienza mucho más.
Sin duda no hemos sido los únicos que lo han sentido, el maestro Daniel Verzobías nos lo hizo entender al cuestionarnos este fenómeno, y sugerirnos escribir al respecto.

A veces tenemos la fortuna de participar en partidas de rol que resultan con una trama extraordinaria. Los elementos se enlazan de manera armoniosa, la historia tiene un ritmo y un sentido fantástico que se escapa por completo del diseño del máster, y la interpretación de los personajes es modélica por parte de los jugadores. En otras las carcajadas no paran de sonar y las escenas de humor se suceden como una fuerte corriente que descienda unas escaleras en un crescendo imparable.
Hemos podido jugar en partidas donde los momentos de tensión eran tan vívidos que, independientemente del lugar o el entorno, al instante de abrir la mano en la tirada clave se generaba un silencio ambiental de expectación ante los dados que resultaba casi un himno a la solemnidad por parte de los presentes. Todo se detenía mientras los poliedros rodaban a punto de revelar el destino.
Nos hemos retirado de adolescente madrugada a nuestros hogares con un firme terror clavado en la espalda al recorrer las calles a solas durante la oscuridad de nuestra ciudad, confirmando en breves vistazos que no éramos seguidos por ente alguno, sometidos  a los residuos de lo vivido durante una partida de fuertes tendencias psicológicas o de horror cósmico…temiendo haber invocado algo realmente aquella noche entre juegos inocentes.
Hay cosas de nuestra adolescencia que no recordaremos…pero cómo amamos a aquella sirena de río sobre un lecho de musgo,  su cuerpo y su voz, su dulzura y el ardiente color de su pelo mientras hacíamos el amor salvajemente, las posturas de nuestro deleite descritas sin pudor por un máster carente de tabúes… y el rubor de sentirse completamente excitado al imaginar la escena ante tus compañeros de juego, eso no lo olvidaremos.

Si. Hay partidas donde la atmósfera que se consigue es extraordinaria, donde la historia concatena escenas que parecen engranar con perfecta simetría bajo la batuta de un maestro experto, y cuya culminación permanece en nuestra memoria durante años, sino para siempre. Historias donde los jugadores nos fundimos realmente sumergiéndonos en personajes cuya razón de ser podríamos defender y explicar, con un fondo y una coherencia que habitualmente son usadas para amigos o conocidos muy cercanos.

…y luego, están “esas otras”.

“Esas otras”, raras, exóticas, imprevisibles y cuyos ingredientes son imposibles de medir o reproducir. Al menos que nosotros sepamos.
Pareciera que, de pronto, un día, alrededor de una mesa, te sorprendan sin más.
Se producen cuando la conexión de los participantes adquiere algún tipo de nivel superior. Casi se diría que hay una corriente que fluye entre ellos, entre las personas reales, las de carne y hueso, creando una retroalimentación que se acelera y se acelera con la partida y que, al menos a nosotros cuando hemos podido ser testigos, nos genera cierta tensión interna por mantenerlo, porque no se pierda esa magia del momento que parece cambiar hasta la luz del ambiente, como si fuese un acontecimiento frágil que dependiese de una muy elevada complicidad consciente.
Hemos de reconocer que cuando eso ocurre, generalmente, la partida, la historia o el trasfondo de los personajes pasan a ocupar un segundo puesto por completo. Y todo se centra en compartir un momento extraordinario de existencia con un grupo de personas que, como pudimos comprobar en las Jornadas Tierra de Nadie, y más recientemente en partidas por Hangout, pueden ser completamente desconocidas.

Ciertamente, cuando “esas otras” partidas se manifiestan, lo más probable es que las primeras características citadas también se potencien, y el resultado sea algo memorable. Pero puede no serlo, y ello no las hace perder valor, lo cual nos resulta muy intrigante al reflexionarlo.
Hemos sido testigos y partícipes de dichas partidas en pocas ocasiones (por comparación con el total de lo jugado al menos). Tanto como jugadores como siendo másters y, si bien como jugador es un deleite absoluto, como máster es una experiencia extraordinaria. Porque los jugadores pueden o podemos siempre considerar al máster como artífice o diseñador de la atmósfera, depositando en su maestría o experiencia parte del peso del momento. Pero como masters, sabemos a ciencia cierta que esa partida “exótica”, que “esa otra” que de pronto se generó espontáneamente, no tenía nada, absolutamente nada que ver con nada que nosotros hiciésemos. Fue un producto de algún tipo de química o comunión entre los presentes y que nos absorbió como a uno más, dándonos una energía y una capacidad de masterización que usualmente no tenemos en nuestras partidas mas brillantes. Y que prácticamente nos usó durante el transcurso de la misma, para desaparecer con el ruido de las sillas al ponerse en pie los presentes para la despedida de rigor.

“Esas otras” son una sonrisa en la comisura de los labios que dura semanas, y generalmente los presentas no suelen hablar de ellas (por nuestra experiencia al menos) con la insistencia que se les debería suponer. No se anuncian ni se recuerdan de manea extravagante. Se las trata más como un tesoro discreto del pasado. Algo a lo que si le añades palabras al hablar de ello resulta alterado o corrompido. Como algo que recordar íntimamente y que compartir con quienes fueron participantes con breves referencias y miradas de complicidad sin pretensiones.

Porque lo extraordinario, muy a menudo resulta tremendamente discreto.
Y perdónennos si en este tema en particular nos hemos excedido en lo poético.

Sea como fuere no le deseamos nada mejor a cualquier rolero o rolera que poder disfrutar de muchas de “esas otras” partidas de rol, y reconocerlas cuando las están protagonizando tanto con sus amigos o amigas de toda la vida como con personas desconocidas por completo.

Que no les resten valor y las atesoren como los verdaderos puntos de experiencia de esta hermosísima pasión que nos une.