domingo, 6 de mayo de 2018

Niveles de jugadores, niveles de directores. Sobre los niveles en el rol


En más de una ocasión he escrito sobre si existen mejores o peores partidas, jugadores, Dj y formas de jugar. Razonablemente en estas entradas ha habido gente que ha discrepado, pues mi punto de vista resulta buenista en exceso o incluso simplista, dado que niega que pueda existir una diferencia de niveles.


En esta entrada explicaré mi postura con calma.

Quizá para comenzar lo ideal sea asumir, a modo de descargo, que sí, que claramente hay partidas que son mejores que otras, igual que hay juegos que son mejores que otros. Como también ocurre con directores y jugadores. ¿Existen diferencias de calidades en el rol? Existen diferencias de calidades en todo. Rol incluido. Si no existieran tales diferencias, progresar y mejorar sería inviable. Y, como en todo, el concepto de calidad depende del opinador, consumidor, observador o como se desee etiquetar al individuo.

Entonces ¿qué sentido tiene negarlo? Vamos a ello.

Lo primero es aclarar el por qué de la postura: Rechazar el hecho de que existan niveles entre participantes en el rol es una posición filosófica. No pretende en ningún momento ser un descriptor de la realidad. 

Es cierto de todos modos que el concepto en sí mismo de “nivel” es harto engañoso. Da la sensación de que es “un sitio al que llegas o en el que te encuentras”, como si la facultad de dirigir o jugar a rol fuese una escalera donde, escalón tras escalón, hay una ruta de calidad marcada. Y ahí es donde comienzan los problemas.

Porque no hay una escalera. Hay cientos. Y no hay una medida estándar para la altura media de un escalón. Hay cientos. Por ello ese de ahí que cree tener nivel porque está en el escalón 86, no puede entender por qué ese otro del escalón 75 está, de hecho, más alto que él. Su medida por escalón es distinta. 

Tampoco nos vale asumir una referencia mutua, como ajustarnos todos a la altura relativa al suelo. Porque cada uno venimos de un suelo distinto. Hay quién sale del lodo (con tramos invisibles de escalera bajo el mismo) y quién sale del mármol, con relucientes y sólidas bases. Puede parecer mejor el mármol. Hasta que te pegas la ostia. Os aseguro que cuando caes el lodo resulta más atractivo.

Un pelín relativo lo del nivel por escalón

La metáfora está clara, ¿verdad? Se resume en: cientos de escaleras.

Bueno, diréis, pero eso estaría muy bien si la actividad que consideramos fuera solitaria, y no lo es. De hecho ahora es una actividad que se expone a un público externo en partidas grabadas, y eso parece que facilita la ociosa actividad de comparar las posiciones de los tipos y tipas en sus respectivas escaleras. Parece razonable. 

Lo rechazo. 

Da igual cómo veamos la partida. La vamos a valorar desde nuestro propio peldaño, en nuestra propia escalera. Y nuestra opinión será relativa a una inmensa suma de factores donde, las cosas más importantes, a menudo resultan invisibles. Las “cosas humanas”. 
Desde nuestro escalón observamos a otro y captamos rápido en apariencia si está por encima o por debajo de nosotros. ¿Se está divirtiendo? No parece importante. Está por debajo, su técnica a la hora de manejar las ubicaciones de los PJ no es buena. ¿Será novato? Es irrelevante, estamos analizando su forma de crear ficción. Y a cada nueva cosa que vemos la distancia parece mayor. ¿Pero los jugadores se divierten? Sus risas no pueden enmascarar el hecho de que la partida es una mierda. No hay coherencia, el progreso es absurdo y no respetan el sistema. ¿Será la primera vez que tocan ese juego? Hay técnicas que te acompañan allá donde vas. Son parte de tu forma de jugar a rol, no tiene que ver con el juego y no puedes ocultarlo. 
Desde nuestro escalón observamos a otro y captamos rápido si está por encima o por debajo de nosotros. ¿Se está divirtiendo? No parece importante, su facultad para ubicar, describir y crear tensión son increíbles. Estoy viendo la partida como una peli. Está por encima. ¿Cómo lo hace? Eso tiene que ser un don natural. Guarda silencio dejando que los Pj se rayen mientras él los raya ¡solo con la mirada! ¿Pero los jugadores se divierten? Los hijosputa están en éxtasis. Están callados para no arruinar este momento de gloria que saben efímero y poder retenerlo en su memoria el máximo tiempo posible antes de la llegada de la parca. ¿Será la primera vez que tocan ese juego? No puede ser, ese tío debe ser un experto en esa ambientación, tiene que haber escrito libros sobre ella. Seguro que es el autor y el nombre en inglés es un pseudónimo para que nadie lo reconozca porque además… ¡es humilde de la ostia!
Esta reducción al absurdo, por desgracia, es lamentablemente probable. No en su conjunto, pero si en fragmentos. ¿Podemos juzgar con facilidad si un jugador se está divirtiendo en una partida? ¿podemos juzgar con facilidad si un Dj está ejecutando bien o mal algún truco o técnica? ¿podemos juzgar con facilidad si una persona está superando o afrontando un dilema social o personal al sentarse con nosotros a una mesa de juego?

Podemos juzgarlo todo. Y también podemos no juzgar. ¿Qué cuesta más?

Y además, y esto es muy importante, cuando un grupo de juego se reúne para rolear, el “nivel” de dicho grupo se establece haciendo una media viva entre los niveles de todos. Por eso cuando dirigimos a un grupo con dos jugadores que son la ostia nos sentimos Dj de la ostia, y la partida parece funcionar como tecnología alemana. ¿Es obra del Dj? Ni en broma. ¿Es un facilitador por no obstaculizar a sus jugadores? Sin duda. ¿Para quien la gloria de que la partida se ala ostia? Para quien la desee agarrar. Cuando nos reunimos todos no somos “invitados” a jugar en el amplio y hermoso escalón del DJ: creamos un escalón propio, y cada uno llega a él desde su mágica escalera. 

El principal problema de “nivelarnos” los unos a los otros no es que sea un sistema ineficiente de describir la realidad. Es que nos sectoriza creando divisiones por alturas. “Solo juego con la gente de mi nivel”. ¿Por qué? 
Porque el tipo de experiencia de juego que busco es de una calidad inmersiva distinta, más profunda, es rol serio tío y eso solo lo consigo con estimulación multisensorial, ya no soporto la rigidez monárquica de la figura del Dj. Es medieval tío, el grupo de juego debe ser un todo orgánico y multifuncional… como una obra efímera de teatro o psicodanza colectiva.
Porque esa historia de creación colectiva es ambigua y desorientadora. Cualquiera puede decir lo que quiera en cualquier momento, sin orden ni sentido. De pronto aparece un coche de policía… ¡y lo dice el jugador que está haciendo el atraco contigo! Te juro que le soltaría una ostia. Yo quiero vivir una aventura trabajada, pulida y pensada hasta que el Dj tenga pesadillas. Quiero formar parte de una obra maestra del cine.

La ostia. 

Otra vez, estas ridiculizaciones, que pretenden poco más que arrancarnos una sonrisa, nos pueden servir también de guía a la hora de valorar nuestras posiciones y la idea sectorial que hay detrás de la valoración por niveles.

Que a ver, está claro que hoy día en una vida “adulta” es fácil disponer de muy poco tiempo para jugar a rol, y no pretendo poner en tela de juicio que cada uno invirtamos ese poco y valioso tiempo de la forma que nos de la gana.

Ahí, escalera arriba, luchando por dar el nivel requerido en la mesa

La cuestión es que la idea misma de escalera es una falacia argumental. No hay escalones ni niveles. Hay un fluido de momentos que depende de un montón de factores, y hay personas que, sea por técnica, por carácter o por experiencia, son capaces de mantener un promedio en sus momentos creando la sensación externa de que su forma de jugar, dirigir es estable con el tiempo.

Con momentos quiero decir: el resultado de la suma total de variables que le hacen estar o ser de una determinada manera en un instante preciso. 

Y es que ese Dj que parece estar dirigiendo de lujo a sus jugadores, por dentro puede estar aburriéndose de la ostia. Y ese Dj que parece arrastrarse como pollo sin cabeza en una partida, por dentro puede estar gozándolo al máximo. Esto no pretende ser una relativización sin más. Pretende remarcar que hay factores SIEMPRE invisibles a nuestro juicio cuando tratamos de “valorar” el nivel y el momento ajeno.

Existen, por tanto, trucos técnicas y métodos que para unos son válidos y para otros inútiles. Formas de alcanzar la diversión y crear aventuras que en unos grupos son oro y en otros arena.
La mayor parte de las actitudes negativas que vemos en Dj que podemos considerar penosas se basan en disposiciones personales (es intolerante, solo emite no recibe, interrumpe constantemente, responde con negativa tras negativa), no en métodos de dirección o juego. 
Esas disposiciones se pueden variar solo en tanto haya disposición para ello, estar dispuesto a cambiar. La vida misma oiga.

Igual que nosotros deberíamos estar dispuestos a aceptar que haya grupos de juego donde esas valoraciones tan rápidamente consideradas como penosas sean aceptadas como naturales, y estén integradas en su forma de jugar y divertirse. ¿Por qué las deberían cambiar entonces? 

Hay gente que es feliz con un estilo de dirección, porque su grupo de juego lo disfruta partida tras partida. ¿Qué carajo les vamos a hablar a ellos de niveles de juego? Viven en el Edén Rolero. Seríamos ángeles absurdos que pretenden expulsarlos con nuestra espada flamígera de la justicia si fuéramos a rayarles con “formas mejores y peores de jugar”.  
Hay gente que está comenzando a jugar, con 13 años y con 45, lo último que necesitan es que se les toque las gónadas con paradigmas de niveles, calidades y exigencias varias.

Hay gente preocupada por mejorar, y buscan técnicas y métodos para que su forma de jugar/dirigir alcance distintos objetivos. Si tu visión del rol va por niveles, preocúpate de encontrar las palabras adecuadas para que esa gente acceda a tus trucos y los pueda integrar lo más fácilmente posible. Haz puentes fáciles de transitar entre el nivel en que crees que estás y el de los demás. No creo que desees estar solo en ese escalón tan elevado.

Hay gente que necesita ser mejor que ellos mismos a la hora de dirigir, porque les gusta la auto-competición, ofrecer nuevos trucos y paradigmas a sus compañeros de mesa y superarse a sí mismos integrando las virtudes que ven en otros: qué grandes sois, ^^. 

Hay gente tocada por el ego que necesitan ser mejor que los demás en cosas como jugar a rol o dirigir partidas, porque ser mejor que los demás es su forma de crear autoestima y valorarse: suerte, y que os follen.

El resumen para mi de todo esto es: las personas primero.

Podemos seguir mejorando y charlando sobre trucos, métodos y técnicas y a la vez posicionarnos filosóficamente en contra de la idea de niveles, porque tiene muchas más ventajas que aportaciones.

Y porque, como nos enseñó Ángel, el rol es amor, y el amor, según dicen, “decide” no entender de niveles.