viernes, 20 de noviembre de 2015

Pregunta 20: Escribe una idea de aventura que relacione tu local con otro local de los creados. La Cervecería Silvershield

Al poco de cerrar la puerta, justo cuando comenzaba a doblar el cuerpo para sentarse en el butacón a disfrutar de la pipa de la reflexión final del día, llamaron otra vez.
¿Pero como podía ser? ¡Siempre le ocurría igual! Era una especie de castigo divino que le tanteaba la paciencia, a ver si había decidido ya si convertirse en Santo o en Demonio.
— ¡Quien diantres es a estas horas! — dijo el viejo astrólogo con voz cavernosa, que nunca realmente enfadada, al abrir la puerta.
Al otro lado se topó con la timorata mirada de Baran Silvershield, el hijo de Rurok, el dueño de la cervecería local. El muchacho parecía un tanto apocado, y nervioso a la vez.
Después de examinarlo un instante mínimo, Ieta exclamó hacia el interior de la casa con voz jocosa y divertida:
—¡Finne, tienes un pretendiente en la puerta!
El muchacho casi se descompone en tonos bermellones. Estrujaba su sombrero como pretendiese sacar zumo de el. Ahora mismo, debían ser las cachas más duras del pueblo.
—No mi señor Astrológo, vengo a verlo a usted, no hace falta que llame a su hija porque no…
— ¿Qué dices padre? — la joven asomó el rostro desde el hueco de las escaleras.
— Por favor querida, prepara un poco de Salvia infusionada con hierba limón. Tenemos un invitado que necesita ser reconfortado.
Ieta había calado rápido y bien al hijo de Rurok. Sea lo que se aquello que le ocurriese, no pedía broma ni chance, y el muchacho, como casi todos en la aldea, se sentía incomodo y atraído por la belleza salvaje de su hija.
—Pasa y siéntate Baran, aun queda fuego en la chimenea como para que me cuentes que te ocurre a ti… o a tu padre.

El joven pasó aceptando la hospitalidad del astrólogo. Nunca había entrado en su casa, y la impresionante colección de mecanismos, libros y cacharros que adornaban el interior del salón le resultó tan fascinante como desconcertante. La casa era más grande por dentro de lo que parecía desde fuera, y los tapices, alfombras y objetos diversos creaban un ambiente de museo o mercado al que el muchacho no estaba acostumbrado.  
Desde la cocina se escuchaban risillas femeninas de picardía y adolescencia. Baran no podía saberlo, pero Finne y Mictala se habían fijado en un chico que era un verdadero encanto. Había llegado dos días atrás con una troupe de Zingaros, pura alegría y danza, y se habían citado en el bosque para intercambiar libros esa misma noche, de manera que estaban tramando el cómo hacerlo y que libro llevar.

El joven Baran, con la infusión y el fuego como relajantes, le contó a Ieta que bajo su cervecería existían ciertas grutas antiguas, que su padre usaba para trasladar la mejor cerveza desde hace años. Algunas las habían tapiado porque resultaban inútiles, estaban cegadas o no sabían a donde llevaban, y el resto las usaban para ganar un par de leguas al camino y sacar su mercancía sin que nadie lo supiese, garantizándose que los ladrones y bandidos no estuviesen advertidos… y de paso sin pagar los impuestos correspondientes. 
No era de extrañar en realidad. La cerveza conocida como El Lamento de Highdell era la mejor del pueblo, sino del reino. Valia una fortuna en comparación con las demás, y no creaban demasiada al año.

El problema, había llegado esta noche. Le tocaba a él llevar la carreta por la noche y por eso había dormido la tarde.  Su padre y  sus hermanos debían embalar bien los barriles en la carreta, pero cuando bajó a ver como estaba todo y prepararse… dos de sus hermanos yacían inconscientes en el suelo, y su padre y su madre habían desaparecido.
Buscando en el interior de las grutas vio que una de las que habían sido cerradas y tapiadas con ladrillo fuerte había sido quebrada como por una maza inmensa. Su padre habia puesto mucha atención al cierre de esa gruta en especial. A ciertas ruinas decía siempre que llevaban, ruinas que no merecían ser exploradas ni recordadas.

— Cuando despertaron, mis hermanos me dijeron que se habían sentido como engullidos por una sombra fría. Mi padre nunca habla de su pasado, de antes de conocer a mi madre y volver a la aldea, señor. Pero siempre nos ha dicho que si algún problema grave ocurría a la familia o al pueblo, debíamos buscarle a usted. ¿Se conocen usted y mi padre, señor Ieta? ¿Puede ayudarnos?
—Mmmmm Tu padre y yo nos conocemos bien Baran. Y yo, lamentablemente no puedo ayudaros esta noche. Espero importante visita, y no puedo ausentarme. Pero ten por seguro que conozco a cierto grupo que sí puede hacerlo, y lo hará de buen grado. ¡Finne!
—¿Si padre? — la joven muchacha asomó su rostro blanqueado por la harina (siempre hacia galletas cuando estaba nerviosa) por la puerta de la cocina, entreabierta lo mínimo para que su invitado no percibiese lo que ocurría dentro.
—Tráeme pluma y tinta hija. He de escribir una carta urgente.



La La Cervecería  Silvershield, es una idea original de La Orden del Cuervo