domingo, 1 de noviembre de 2015

Pregunta 1ª: El momentazo.

¿Qué partida, situación, momentazo, te hizo quedarte en plan “¡ostias!”, te descubrió el mundo, dijiste “¡Oh!”, flipaste con el giro argumental?

  Como de costumbre en estas cosas, es jodido encontrar una respuesta clara. Probablemente fue en una partida dirigida por mi amigo Niko basada en un universo de planos quebrados y separados dimensionalmente, donde mi personaje era un “navegante de planos”.

  La partida tenía como fundamento que un poder desconocido, durante los orígenes del cosmos, había seccionado el universo en una cantidad finita pero desconocida de planos, tomando como objetivo el aislar al resto de entidades divinas unas de otras con el fin de garantizarse él la posibilidad de realizar una creación propia y salvaguardar a las formas de vida de los tremendos poderes cósmicos del resto de los dioses de la creación.

  Esto había ocurrido hacía miles de millones de años, pero como el mismo tiempo era un plano definido que había sido fragmentado en distintas medidas o “tensiones” como Niko las llamaba, cada dimensión había tenido un ritmo de evolución Cósmica distinta. Para ciertos planos habían pasado 13.700 millones de años, mientras para otros habían pasado tan solo 100.

  Por eso había planos que contenían poder puro y basto e información de los orígenes mismos del universo, mientras en otros apenas quedaba nada de esas formas primitivas de poder cósmico, ya que (no te lo pierdas) tales fuerzas cósmicas se transformaban con el tiempo, de manera natural, en impulso expansivo. 

 Esto significaba que fuerzas y poderes como la “magia” o los “poderes divinos” se transformaban a través de una incierta química energética guiada por el tiempo en las fuerzas que provocaban la expansión del universo. 

 Y por ello en planos de 13.700 millones de años apenas quedaba nada de esas fuerzas originales, mientras que en esos otros planos cerrados como cápsulas temporales había potencias tremendamente poderosas deseando brotar nuevamente.

  Todo esto ocurría en un mundo de juego donde mi Pj era una especie de Simio gigante de color rojo que tenia aspectos muy humanizados. Mi pj había adquirido esta forma a través de la transformación que le causó el viajar entre planos a loco (yo lo llamaba cariñosamente “el Puto Mono Rojo”).  Y se encontraba, después de mucho deambular, en lo que consideraba que era el plano central del multiverso.

  Un peacho mundo de espada y brujería a lo Mad Max donde el Steam punk iba de la mano de dragones y mega armaduras impulsadas por magia robada a esas dimensiones encerradas (las spheras de la magia, los sephirá).  

  Mi pj formaba parte de una tripulación de goblins que eran unos cachondos mentales, viajábamos todos en un zeppeling destartalado y nuestro capitán, un tal Van era el típico Pnj que dices… puf macho eres el jodido prota de esta historia, todo gira en torno a tu vida (pero en el buen sentido), un pnj muy molón que tenia una historia de traiciones y pasiones del carajo. Mi historia era la historia de los planos, mientras que la de Van, era la historia de "ese plano".

  La cuestión es que mi querido mono Rojo ya no podía viajar entre planos, su poder se había agotado y recuperarlo le llevaría décadas… peeeeeero aún podía verlos, eso si, sin relacionarse con ellos del todo. De manera que podía decirle a Niko “muy bien, miro a oeste y busco una visión de planos nuevos, a ver qué me encuentro”, y tras tirar el dado pertinente (que en este caso se refería a la abstracción del contenido del plano) Niko me describía lo que mi Pj veía.

  Recuerdo perfectamente el momento en que Niko me aclaró el funcionamiento de tal poder, estábamos en una cafetería en Pontevedra llamada “el club del café”, y cuando él hubo concluido nos quedamos mirándonos un momento, entonces se dio cuenta de lo que mi sonrisa demoníaca quería decir y le comenzó a temblar la ceja derecha (que solo le tiembla ante la codicia y el reto).
  Estuve las siguientes tres partidas (horas y horas de juego) simplemente cambiado de plano a ver que carajo veía. Y Niko hizo uno de los esfuerzos de creatividad más grandes que he visto hacer a nadie jamás.

  El culmen llegó con un plano donde el comportamiento de la materia al desplazarse arrastraba el plano espaciotemporal, dejando una estela tras de sí que era una linea de causalidad constante y que, si se veía interrumpida en cualquier parte de su recorrido, provocaba una anomalía temporal que hacía retroceder al objeto que creaba la estela hasta el momento de la interrupción. Y esto en un plano de pequeños objetos que se desplazaban convulsivamente en un espacio de cristales minúsculos que luchaban por construir formas más complejas, buscando un camino de aglutinamiento sin interrupciones.

Una fumada como pocas.
Un auténtico campanote de wuen costo rolero.

  Muchos otros planos fueron descritos a mi imaginación sedienta durante esa campaña excepcional que acabó con la fusión de universos y el colapso de todas las dimensiones para dar luz a un plano unificado regido por 4 leyes fundamentales.

  Y todo, de principio a fin, fue improvisado en un enorme Sandbox que Niko se iba sacando de la manga en cada partida.  
  Ese periodo de “dime qué coño veo, déjate de tramas”, “¿y después?” ahá “¿y despues?” fue uno de esos momentazos que te hacen entender que la imaginación carece de límites reales.