domingo, 22 de noviembre de 2015

Pregunta 22: Describe una idea de aventura con dos entidades distintas de las descritas en el capítulo 4

Harmat vagaba por dentro, descendiendo. La decisión del consejo de los dioses había sido injusta y terrible, era cierto que, tras la "Era de Oscuridad", los dioses se veían más frágiles que nunca, pero la prohibicion sobre su persona le resultó tan insostenible y resolutiva, que se determinó a quitarse la vida en cuanto sus pies tocasen suelo humano.

Bajó con la forma de un huracan primaveral a un valle cualquiera. Asumió la mortalidad con seis respiraciones y sumó poder en sus manos abiertas con la decisión de descargarlo sobre su pecho, y poner amargo fin a todo.
... pero entonces... una dulce voz...

-- ¿Que haceis? Mi señora... que tristeza ha de resultar mayor en peso a la balanza como para vencer a la misma vida.

Y como no podía resultar de otro modo. Nuestra diosa detuvo su angustia en conversacion hilvanada, para tornarla con detenimiento y suavidad en curiosidad discreta que, de la mano amiga del argumento calmado se convirtió como lluvia en amor de marzo, brillante y luminoso. Inapreciable.

El joven que detuvo su osadía, era un humilde pastor ciego. Al nombre de David respondía. Y tal era su dominio del sentido, que hacía de cordura melodía en suaves canciones estivales, de lo quebrado un enigma y de lo conocido un misterio horneado por el pan de cada día.  
Fue por su ceguera rechazado por todos y por todo, y abandonado en la niñez a su suerte, a las montañas, donde sobrevivía por la honradez de las bestias y la generosidad de la muerte. 

Harmat se rindió a sus versos y a la humildad de su vida. Aceptando ser su apoyo en la ceguera, y teniendo junto a él los hijos mortales que el consejo de Dioses le impidió tener como inmortales y, asi, olvidando el mundo, las guerras, las ciudades. Dejaron que pasasen los años mientras su progenie crecía fuerte y vivaracha. 
Pero la cordura no entiende de historias conclusas de amor sin duelo y drama.
Llegó un dia de invierno en que las nubes tomaron el cielo por asalto, descendiendo hasta las cumbres con tanta imprudencia que los titanes cabalganimbos se estrellaban contra ellas causando un estruendo tal que hasta los bosques temblanaban en sus raíces. 
Fue en esa noche, dura y cruel, que la silueta de un duende se coló por la ventana de su humilde morada en el profundo valle.

Al alba, los niños no estaban. Al alba, el crujir de dientes nos hizo, junto al llanto, recordar a la tormenta y las montañas.
¡Cuanta impotencia! ¡Cuanto dolor! Tanto que a Harmat casi le cuesta la vida.
Una nota solitaria rezaba en idioma divino.
"Por tu ausencia mi dolor fue incontenible. Y al hallarte ha sido en brazos de un mortal. Vuestros hijos serán alimento de los mios" 

Más nunca antes pudo el llanto con la ciega mirada de David, y no lo haría ahora. Enjugó sus lágrimas y se ciño el jubón.  Era ciego, más no sordo. Los largos años de silencio en el valle le habian permitido escuchar el bosque como pocos hombres, y entre susurro y susurro, había escuchado un nombre: Ieta Mordinai, y un lugar Highdell. 
Si existía auxilio para que cumpliera su rescate o su venganza, lo tomaría. Poco sabía de su enemigo, salvo que había puesto fin a su inmortalidad con su osadía.
















Entonces lamaron a la puerta.
-- Finne, por favor querida. ¿Podrías abrir?
-- ¡Voy padre!