domingo, 22 de noviembre de 2015

Pregunta 21: Relaciona tu dios con alguno de los otros dioses de este mismo desafío. Tarannes y Mictala

Cada mañana, desde que era niña, Mictala acompañaba a su hermana Finne en el desayuno y las labores del hogar hasta que ambas se adentraban en el mundo de las letras y las ciencias. Luego Finne se dedicaba al cultivo de las Artes Magicas, y Mictala, tan inmune a la magia como inutil para su dominio, se afanaba en seguir el aprendixzaje de los astros, los mapas y los rumbos.

Cierta mañana, mientras las magdalenas eran sacadas del horno de piedra de la cocina, Mictala percibió la presencia de una Salamanquesa hermosamente decorada con circulos amarillos y rojos. Algo muy poco habitual. 

Pero cuando quiso llamar la atencion de su hermana, Finne negó verla, quitandole valor al hecho y escandalizandose por el exito de su innovación con la repostería: ¡¿Nuez roja en magdalenas de zanahoria?! ¡Una auténtica locura! ¡Y había salido bien!
Pero Mictala se extrañó de la presencia de esa pequeña salamanquesa, volviendo a buscarla más tarde a la cocina.
Ese fue el comienzo de una extraordinaria relación, que duraría hasta el presente.
Mictala buscaba el conocimiento y en esa pequeña criaturilla, lo encontró. ¡Ah! ¡Diosa sutil y discreta, que reposas sobre los muros de los hogares riendo a escondidas las gracias de todos los niños del mundo! ¡Llorando a escondidas los pesares de todos los ojos del mundo!

Tarannes le descubrió a Mictala el inmenso valor que se oculta en la conducta común de las personas, la profunda sabiduría de los gestos cotidianos, el cómo y el por qué de la experiencia vital de cada raza. 
Le enseñó que los goblins cuidan de igual modo a sus crías, y ríen con ellas, y lloran y sufren cuando éstas enferman. Cómo enanos y orcos poseen canciones de cuna, y cómo se entristecen los hogares de unas y otras naciones y razas cuando sus varones parten a la guerra. 
Cómo el llanto de las abuelas, sordo y ahogado en la fuerza de sus pechos amamanta a las nietas huerfanas de madre por la guerra. Y cómo en mitad de las tormentas de fuego que para el mundo son las huestes de la batalla, los hogares siguen riendo y respirando cuando los niños juegan, se siguen curando cuando crecen, y florecen cuando sus perdidos regresan. 
Toda casa en todo pueblo, sin importar raza o nación, busca alimento, seguridad y tradición. Busca raíces y herencia, felicidad y sosiego. Todos tallan sillas y cocinan alimentos, todos labran joyas y se inventan canciones. Todos se decoran y honran a sus muertos.
Todos miran al cielo, y se hacen preguntas. 
Todos tienen hogares. Y en todos sus hogares, esta ella, aprendiendo de sus pequeñas cosas.
"La mano del carpintero que ama la madera, la acaricia igual, siendo enana, orca o humana, Mictala. Sus lágrimas son idénticas, su angustia ante la pérdida, su dolor ante el rechazo, son todos identicos."
Todo estas grandiosas cosas y muchas más le enseño Tarannes a Mictala gracias a sus conversaciones divinas, comunes. Y por ella sus ensoñaciones de batalla, y sus sueños de bélica aventura se transformaron en curiosidad por el mundo. 
Cambió el deseo de acumular gestas por el de escribir sobre la vida de los otros. Cambio su deseo de conquistar valles a las invasoras naciones Orcas de Oriente por el deseo de conocerlas y mezclarse con ellas. Beber su leche fermentada y danzar sus extavagantes bailes alrededor de las hogueras.
Tarannes, lo cambió todo para Mictala... Y nadie se dio cuenta. Porque asi actúa la diosa de la pequeñas cosas.